miércoles, 12 de noviembre de 2014

LA IRRESISTIBLE FASCINACIÓN POR LOS LIBROS




Un expresidente de un país vecino llega a Buenos Aires. Como es usual, le programan varias entrevistas breves con periodistas locales. Llego a la cita diez minutos antes de la hora fijada y me sorprende verlo de pie en el lobby del hotel, con una actitud similar a la de quien viaja por primera vez, mezcla de aturdimiento y desorientación. Me presento y él, con la mayor modestia, pide autorización para sentarnos ante un pequeño escritorio, en un rincón del hall. Cuando estamos por empezar la conversación, llega la encargada de prensa y pide disculpas por haberse retrasado media hora. Allí me entero de que yo era el tercer periodista citado y, pese a mi puntualidad, deberé esperar. Cuando llega mi turno, ya ubicados en un salón del primer piso, apoyo sobre la mesa mi equipaje usual: el cuaderno de apuntes y, debajo de éste, el libro que estoy leyendo. Entonces, el hombre de Estado que venía empeñando las reservas de su caballerosidad y su oficio para disimular sin demasiado éxito su irritación por la alteración de la agenda, deja paso al intelectual que también es y, con un brillo en los ojos que no había tenido hasta ese momento, me pregunta:
‒ ¿Qué está leyendo?
Travesía liberal, de Enrique Krauze. Un poco tarde, porque lo publicó hace 11 años ‒trato de disculparme.
‒ Enrique es un escritor estupendo y uno de los más grandes intelectuales de América latina. Y aparte, un gran tipo ‒se entusiasma el visitante ilustre.
‒ No lo conozco personalmente. Además, tiene una excelente pluma ‒me engancho.
‒ Es un buen amigo. Lo curioso es que es ingeniero. Los ingenieros normalmente son de numeritos ‒se divierte.
‒ Pero también son tipos que tienen una estructura muy lógica de pensamiento ‒me animo.
‒ Es extraordinario. Enrique es fantástico. Ha escrito cosas muy buenas. Redentores es muy bueno.
Redentores lo leí. Y también El poder y el delirio.
‒ Claro, son excelentes.
Así empezó mi entrevista de ayer con Julio María Sanguinetti. Después, inevitablemente, la conversación se derivó a los temas previsibles: América latina, sus desafíos, la democracia, la economía, Venezuela, el Mercosur, las deudas en materia de educación, desarrollo e inclusión social, las oportunidades perdidas. Pero antes, el hombre que ha leído cientos, o tal vez miles, de libros y que ha respondido automáticamente cuestionarios breves a cientos, o tal vez miles, de periodistas desconocidos, no puede evitar la irresistible fascinación que, para algunos, todavía ejercen los libros.

PD: Muchas gracias a Alejandro Santa Cruz por la foto.

2 comentarios:

  1. Muy buena anécdota. Son las cosas que quedan de una entrevista de agencia y las que son preciadas en una nota más amplia, donde es necesario, afortunadamente, pintar al personaje entrevistado.

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    1. Gracias, Dani. Como decíamos ayer con mi Viejo: uno de los pequeños privilegios que nos ofrece cada tanto este bendito oficio.

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